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*Eximir verbo transitivo cuyo significado es: “Hacer que una persona quede libre de una carga, una culpa, una obligación o un compromiso”.

Por: Ernesto Caballero

Poco antes de entrar a la temporada decembrina, la más importante del año, debido a lo significativo que son los recursos económicos que entran a la entidad por el turismo; el gobernador Héctor Astudillo Flores puso en semáforo amarillo los municipios de Acapulco y Zihuatanejo, a pesar del crecimiento exponencial de los casos por Covid-19 en el territorio guerrerense.

La acción fue supuestamente asumida con responsabilidad por parte del mandatario guerrerense, incluso en un video lo dijo como tal: “Aceptaré mi responsabilidad ante esta decisión”.

Sin embargo, hoy el estado de Guerrero ha regresado al Semáforo Epidemiológico en color rojo y el mes de enero ha sido el más mortífero desde que llegó la pandemia a Guerrero; la propia Secretaría de Salud estatal así lo ha reconocido.

Pero lo que sorprendió es que el ejecutivo estatal, el miércoles 27 de enero publicó en sus redes sociales, que su gobierno tomaría medidas más drásticas para contener la ola de contagios que han aumentado en el territorio guerrerense. Sin embargo, informó algo, que, de entrada, no se puede comprobar: que el 80 por ciento de los contagios se estaba dando en las reuniones entre familiares y amigos.

Cuando todos sabemos que esto pudiera ser una premisa cierta, la verdadera situación, es que en Acapulco se dispararon los números de contagios porque se aperturó la temporada decembrina a color amarillo para el puerto y para el municipio de Zihuatanejo.

Siendo fríos en el tema, y habiendo destacado en artículos anteriores, el buen manejo de la pandemia que había tenido el gobernador guerrerense, situación que lo llevo a posicionarse como uno de los mejore mandatarios según Motifoky; esta vez Héctor Astudillo se equivocó.

Sobriamente, se tiene que admitir que diciembre de 2020 fue la tormenta perfecta, es decir, la suma de los contagios de aquellos que se reunieron en los hogares tras las celebraciones decembrina, pero también significativamente, el arribo de turistas a los destinos de playa de Guerrero, con la desinformación en los medios de comunicación y las redes sociales, en donde se interpretó que todo el estado se encontraba en color amarillo en el semáforo epidemiológico.

Luego entonces, la versión de que el 80 por ciento de los contagios se debió a las reuniones familiares y de amigos, no puede sostener la hipótesis principal, del por qué han aumentado los contagios.

Y luego de una cosa se vino la otra, y es que las autoridades de salud en el estado han dejado en manifiesto que las cosas están bastante complicadas y que con cada puente largo o con cada fin de semana, estos aumentan en la población local.

Ayer, el propio gobernador, al hacer público que se analiza el posible cierre de las playas en Guerrero, puntualizó en su mensaje en las redes, dos acusaciones bastante severas: 1) La playa es el único lugar en el que no hay reglas, todo mundo sin cubrebocas. ¿Pues qué esperaba, verlos adentro de la playa y del mar a todos con la indumentaria puesta (caretas y tapabocas)? y 2) Tal pareciera que los únicos que no ponen de su parte, son los que se van a la playa. Pues si esto último, es lo que ha dejado ver el puerto a nivel nacional e internacional con las disposiciones sanitarias híbridas que solo lastiman algunos sectores.

Es evidente que esta situación va a pasar. Mientras tanto, el gobierno estatal debe contemplar duros golpes de timón. En este semáforo rojo, debió haber confinamiento, cierres de bares, hoteles, playas y sanciones para los políticos que incurran en aglomeraciones para promocionarse. Incluso, es válido comentar que otros estados como Puebla y Ciudad de México los restaurantes solo tiene servicio para llevar. ¿Qué no primero es la salud?

Pero no, lo que hoy tenemos es una serie de disposiciones que son muy parecidas a las que estaban decretadas en semáforo naranja -con el fin de no colapsar la economía- se asegura, pero acaso no se alcanza a visualizar que los guerrerenses se están muriendo muy parecido a como ocurre irresponsablemente en la Ciudad de México.

El gobierno estatal, debió prever, que mientras la vacuna no inmunice al 70 por ciento de la población guerrerense, cuando menos, debió tener considerado que los recursos destinados para la pandemia se debieron seguir direccionando en este sentido. Es decir, el gobierno estatal debiera estar comprando o gestionando indumentaria para el personal médico que está en la primera línea de batalla, o mejor aún, ya estuviera poniendo los comedores comunitarios para aquellos que padecen hambre diariamente tras la falta de empleos.

Tan bien que iba el ejecutivo estatal, pero cuando el gobernante se exime de culpas, lo más sencillo es echársela a alguien más.

Guerrero no es Quintana Roo ni Nuevo León, es un estado sumamente difícil y complicado de gobernar, y más, cuando la población es ignorante y ‘valemadrista’. Y ante esta situación, el mandatario estatal debe concebir la tragedia de dos formas distintas, dejar que se sigan muriendo como “mosca fumigadas” o endurecer las medidas y disposiciones sanitarias; éstas por supuesto, acompañadas de un efectivo plan de contingencia económica.

Mano firme es lo que necesitan las disposiciones sanitarias, él lo ha dejado en manifiesto siempre, primero la salud de los guerrerenses.

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Por adminultimahoragro

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