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Por Beatriz Mojica Morga

El pasado 27 de enero se conmemoró el 271 aniversario del natalicio de Juan Nepomuceno Álvarez Hurtado, una figura emblemática para el país y para Guerrero; un soldado de la patria, gobernador del estado de Guerrero y el segundo presidente orgullosamente afrodescendiente. Fue un hombre que dedicó toda su vida a defender su patria y participó en las 5 grandes guerras del siglo XIX en México: la guerra de independencia, la primera intervención francesa, la guerra contra Estados Unidos, la guerra de reforma y, por supuesto la guerra contra el segundo imperio.

Su legado es digno de remorarse. En estos nuevos tiempos de transformación, las acciones, los principios y valores de este gran patriota guerrerense deben seguir siendo causa de inspiración para las y los mexicanos. “Pobre entré a la presidencia y pobre salgo de ella, pero tengo la satisfacción de que no pesa sobre mí la calumnia ni el escarnio público, pues desde mi más tierna edad me he dedicado al trabajo personal para mantener a mi familia; sé manejar el arado, sin necesidad de los puestos públicos donde otros se enriquecen a costa de la orfandad y la miseria”. Esta frase de Juan Álvarez, pronunciada después de renunciar a la presidencia, puso en contexto lo que debe ser la función pública: un acto de servicio y honestidad y que resulta ser un ideal vigente con el que se conduce el Presidente Andrés Manuel López Obrador: “no robar, no mentir y no traicionar al Pueblo”.

Nuestro estado es un lugar con mucha riqueza histórica, donde se han gestado las grandes transformaciones de nuestro país. El natalicio de Álvarez resultó ser un buen pretexto para visitar la hacienda de La Providencia en el municipio de Acapulco, lugar donde vivió y murió este célebre guerrerense, y en donde nos recibió Francisco “Paco” Ricart, quien es el guardián de un tesoro histórico poco conocido en donde se respira patria y en donde seguramente se empezó a gestar el Plan de Ayutla. Aquí se congregaron personajes importantes como Benito Juárez e Ignacio Comonfort; además, debido a su profundo patriotismo y firmes convicciones, Juan Álvarez se convirtió en un mentor político y muchos acudían a pedirle consejo en esta hacienda donde dejó su ultimo aliento.

Don Juan Álvarez nos recuerda con su vida la importancia de la reivindicación de la política como una actividad para servir al Pueblo y no servirse de él. Es triste que el desconocimiento de la historia y la desatención del gobierno guerrerense tenga en el olvido muchos de los recintos históricos en donde se gestaron las luchas por la libertad de nuestro país, como la hacienda de la Providencia y el legado de Juan Álvarez, segundo presidente afromexicano.

Aprovecho este medio para invitar a las y los acapulqueños, a las y los guerrerenses y a todos los visitantes del país a conocer la hacienda de La Providencia “Exhacienda de Juan Álvarez”, un lugar mágico, donde se respira historia y que se encuentra ubicado sobre la carretera federal México- Acapulco en el kilómetro 42. Don Paco Ricart y su esposa Osiris reciben a todos los visitantes con entusiasmo y, además, se puede aprovechar para degustar unos ricos quesos artesanales hechos por Osiris.

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Por adminultimahoragro

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