Problemas de Acapulco, sinónimos de un gobierno municipal colapsado.
Por: Ernesto Caballero
Fue cerca de un mes que el pueblo de Acapulco sufrió la falta de recolección de basura. Los puntos negros no sólo proliferaron, sino que se acrecentaron y la basura era vomitada por los contenedores ante el deficiente servicio.
Esto desató una confrontación entre el Presidente Municipal Evodio Velázquez y el gobernador Héctor Astudillo Flores.
El clímax de este mediático episodio se evidenció con la alerta sanitaria que dio a conocer que afectaba a todo el municipio.
Velázquez Aguirre tuvo el “desempacho” de organizar en redes sociales todo un circo para desmentir la supuesta alerta, logró hacer tanto ruido que tuvo la atención del personal del Gobierno del Estado, en la persona del Secretario de Salud Carlos de la Peña Pintos y del Secretario de la Oficina Particular del gobernador, Alejandro Abarca.
En supuesto recorrido, Evodio convenció al Secretario de Salud y se levantó la alerta sanitaria en el puerto.
Poco tiempo atrás, un audio de los trabajadores de Saneamiento Básico evidenció al alcalde porteño, revelando que por fierro viejo, sus allegados habían acabado con la dependencia. Es más, ni para el diésel de los camiones recolectores había recursos.
Casi a la par, trabajadores de Coagua, antes Capama, pusieron en encrucijada al edil porteño nuevamente, donde rechazando una propuesta del alcalde para “echarse unos tacos”, le exigieron a la primer autoridad que les pagara las dos quincenas vencidas.
Durante el mes de junio y algunos días de julio, la agenda mediática en los medios de comunicación, evidenció los pactos y que sostuvieron los Secretarios y Representantes de los Sindicatos insertados dentro del Ayuntamiento porteño con Evodio Velázquez, quien a “diestra y siniestra” repartió plazas de trabajo a sus más allegados, entre ellos amistades, familiares y hasta amantes de sus principales hombres de confianza.
Las basificaciones de estas personas mermaron en la integridad de cientos de trabajadores que han esperado hasta 20 años para poder basificarse, sin que haya oportunidad de lograr dicho cometido.
Esto provocó la catarsis final para que los mismos trabajadores del alcalde Evodio Velázquez terminaran totalmente resentidos.
Hoy, la crisis social ciudadana, se muestra evidenciada en los bloqueos y amenazas de los ciudadanos por no tener agua en sus hogares. En algunos lugares la carencia del vital líquido es de hasta dos meses.
El hartazgo ciudadano no da para más. La gente y algunos medios de comunicación piden a gritos que Velázquez Aguirre deje la Presidencia Municipal. Algunos, hasta le cuentan los días que le faltan a su gobierno.
Todos estos problemas que han afectado a la población acapulqueña, confirman que son sinónimo de un gobierno municipal colapsado.
La pregunta que se acerca, ahora que hoy ha comenzado el proceso de Entrega-Recepción, es saber las condiciones reales en las que se encuentran las finanzas de la administración porteña al interior del Ayuntamiento.
Según declaraciones del propio alcalde Evodio Velázquez, no habrá ningún inconveniente para poder realizar el pago de aguinaldos de este año, además supuestamente ha disminuido la deuda pública y liquidado los préstamos porteños con los bancos. Sin embrago, hoy uno de los principales diarios de circulación en el estado, sacó un desplegado firmado por el Dirigente Estatal del Partido Movimiento Ciudadano, Luis Walton Aburto, arguyendo que todas esas declaraciones dadas por el alcalde son mentira, y que para comprobarlo está fehaciente el acta de entrega-recepción que se realizó durante la entonces cambio de administración.
Cuando el entonces candidato del PT, Zeferino Torreblanca Galindo, a lo largo de su campaña, y después de su derrota, avizoró que el gobierno actual de Evodio Velázquez sería un desastre y destaparía la cloaca en la que está convertida hoy la administración municipal.
Muchos pensaron que era un discurso de propaganda política para levantar la campaña, otros aseguraron que eran expresiones de odio por haber perdido la anterior contienda ante el propio Evodio Velázquez.
Sin embargo, el pueblo, los medios y la clase política, dan cuenta de cuánta razón tenía: Acapulco está convertido en un auténtico muladar.
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