Por: Ernesto Caballero
Las elecciones han dado pie a escribir una nueva página en la vida política de México. Y esta ha gestionado una expectativa enorme en las diferentes generaciones que buscaron un cambio para eliminar el régimen partidista encumbrado en el poder, mostrando una falsa alternancia entre los Partidos Revolucionario Institucional y Acción Nacional, dejando claro que dicha sucesión es “más de lo mismo”, incluso hasta perpetrarse en una vorágine mutación.
Sin embargo, esto orilló a que electorado mexicano se manifestara ampliamente en las urnas este pasado primero de julio. Empero, los efectos alcanzaron las elecciones estatales y municipales, con un efecto que pocos esperaban.
Y esto hasta cierto punto es razonable, ya que el hartazgo no permeó solo con la Presidencia de la República, sino también con los representantes y actores políticos que se jugaban presidencias municipales, diputaciones locales y federales y las Senadurías.
El efecto de la marca Andrés Manuel, es una carga mediática que incluso vino a beneficiar a candidatos del Partido Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), que no hicieron trabajo político en los estados y municipios de México.
Resulta inverosímil, por ejemplo, que candidatos a diputados locales en Guerrero, vayan a ocupar una curul en el Congreso del Estado, sin que la gente siquiera los conociera. El arrastre era inminente, cualquiera que tuviera la oportunidad de ocupar un cargo de elección popular por Morena, sería retribuido por la victoria de Andrés Manuel, sobre todo en el estado de Guerrero.
Sin embargo, lo que han votado por ese cambio tan anhelado, han votado equívocamente, y es que resulta aberrante saber que la presente elección no se votó más que bajo una sola premisa: El hartazgo.
Esto provocó el embalaje de Morena en casi todo el país; pero también dejó entre ver que los mexicanos no botaron bajo la reflexión o el análisis, sino que votaron “con el estómago”, llenos de odio y desconcierto.
Esto a la larga seguro va a traer repercusiones, porque cuando a venga a la baja, la debacle natural que tienen los políticos, luego de generar tanta expectativa, resulta más desilusionante. Y el problema se acrecentará cuando aquellos, que aceptaron en campaña que se someterían a revocaciones de mandato o escrutinios para evaluarse, no querrán dejar el poder al ser castigados en caso de no cumplir con las expectativas comprometidos.
Lo que resulta evidente, es que ahora todos aquellos que llegaron “de rebote” y no por medios propios, tendrán la obligación de responder con trabajo, y en caso de no ser así, se deberá consagrar aquella consigna “pejejiana”, que deberá obligar a dejar el puesto todo aquel funcionario que no dé resultados.
El punto es, que todo esto resulta un experimento político, poniéndolo en el nivel que se vea, ya sea en el municipio, en el estado o en el federal. Y el país no está para poder resolver dichos experimentos, sin embargo, el mandato expulsado a través del “estómago” de los mexicanos, así lo ha decidido.
Ya será la propia historia que juzgue tanto a nuestro Presidente Andrés Manuel, quien, en esa ruta, intentará –dice él– ser uno de los mejores Presidentes que haya tenido el país. Y si no entonces augura: “Que el pueblo lo demande”
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