Por: Alondra Berber
Con la llegada al poder de la actual administración estatal, se puso como titular de la Secretaría de Cultura de Guerrero a Aída Melina Martínez Rebolledo; la comunidad se hizo presente y argumentó los motivos por los cuales su perfil era completamente inadecuado para el cargo, pero la respuesta fue la indiferencia. Creo que en el fondo, muchos nos resignamos a tener una funcionaria ignorante. Su llegada, además usuaria de un lenguaje bélico, significó el sacrificio de gestores culturales y proyectos de construcción de paz.
Poco a poco fue minando al sector, amedrentando a sus trabajadores y saboteando como nadie a la Orquesta Filarmónica de Acapulco. Por conversaciones con amistades, con otros artistas y con personas que me buscaban para ayudarles a redactar o corregir sus documentos dirigidos a ella, me enteré de más y más cosas.
No importaba qué causa se defendiera, qué lucha se veía forzada a surgir, la respuesta era la misma de siempre: indiferencia y silencio. No importaba qué hiciera o qué acusación nueva se documentaba en oficios y coberturas periodísticas, ella era encubierta y defendida por quienes la impusieron. Así defendió y justificó maltratos contra trabajadores culturales en Taxco.
Saboteó la llegada de Diemecke como director de la OFA, mintiendo (y se demostró) al afirmar que ella estaba trabajando en una convocatoria, de la mano del INBA, cuando ni la ubicaban. Sí, nos privó de tener un gran director mexicano y una orquesta de mayor nivel y deseabilidad en materia de turismo cultural; eso no le bastó: decidió amañar un nombramiento, asegurando que había sido una elección de los músicos, cuando ellos manifestaron todo lo contrario. A los pobres, una vez tras otra les hizo sentir que los apoyaría y los inocentes se la creyeron, pero se tienen que aguantar todo por miedo a que los despidan.
Y todavía se dio el lujo de impedir la entrega de despensas reunidas por músicos organizados fuera de la orquesta, con motivo del huracán Otis, hasta que caducaron muchas cosas, refundidas en bodegas improvisadas. El concierto, dirigido por Diemecke, en CDMX, fue motivo de llamado de atención a quien lo propuso. De esta magnitud la señora: se enojó porque se reunieron para ayudar a damnificados y finalmente, fue a ellos a quienes les negó un apoyo ni siquiera gestionando por ella.
Permitió sesiones espiritistas en un museo de Taxco; defendió a acosadores; revictimizó a la única que sí quiso acercarse y prevenir el nombramiento de alguien con tales antecedentes. Todas las cosas que he mencionado son sólo las que me constan porque leí mensajes con ella, documentos que funcionaban como bitácoras, y di seguimiento en El Sur, además de conocer las historias de personas violentadas por ella, aprovechándose de su jerarquía y posición de desigualdad de poder, etc. Estuve en muchas reuniones en que había gente hablando de lo que les hacía, pero al final, todos nos fuimos cansando porque por alguna razón que sinceramente es imposible de entender, este personaje goza de total impunidad y encubrimiento.
Una de sus últimas aberraciones fue hacer un homenaje al culpable de la guerra sucia guerrerense, mostrando una postura política a favor del terrorismo de Estado, con el pretexto de cumplir la ley. Esto pierde sentido al conocer a personas de las que se aprovechó de diversas vulnerabilidades para violar sus derechos humanos y que tuvieran que guardar silencio o simplemente irse.
Mantener a alguien así en el poder no sólo es un error: es un horror; un ejercicio de poder en contra de la verdad, la memoria histórica, la justicia y, más importante que todo ello: la compasión.
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