Por: David Aguilar
Tempranito salí a pescar en las aguas de la prensa nacional. Nada picaba, ni una charrita, ni siquiera una de esas declaraciones rústicas, fáciles de atrapar de don Donal Trum, que no se calla ni debajo del agua y es una máquina de producir disparates.
Pero nada. Aparente calma chicha. Hasta que sentí en la línea dos temas que -pescador viejo como según yo soy-, son especies con antepasado muy común, bien cercanitos en su concepción y con un leit motif unificado, aunque de lejecitos no parecen ni primos.
Por un lado, está la anunciada reforma constitucional para dar al ejército responsabilidades plenipotenciarias y mando único en el manejo de la seguridad pública.
Sip: nuestra policía de todos los días será militar. Aigoeeei…
Y no, ni empiecen: no pretendo sonar como Marko Cortés hace unos días (¿se han fijado que este nuevo presidente del PAN tiene nombre de cantautor setentero de la OTI?: “con ustedes, el hombre de la voz de terciopelo: ¡Marko, Cortésss!”), que fue a desgarrarse las vestiduras a la Monumental Plaza San Lázaro a torear a seis diputados seis de la ganadería de San Andrés Manuel, amagando con que va a buscar votos (¡¿dónde?!) para acusar ante la Tremenda Corte de Justicia de la Nación, con un Tremendo Juez este Tremendo Caso de militarización policiaca. No: yo no me ando buscando una cogida como este novillero albiazul de recentísima alternativa.
A Cortés, con una actitud muy sobradita y asombrosamente amnésica, se le olvidó que durante los seis años de gobierno del ahora ex panista Felipe Calderón, y los seis del ex presidente en funciones priista Enrique Peña Nieto, la presencia de militares en las calles fue ininterrumpida.
Pero, valiéndole madre, Los inundó con la luz de una mirada, sacudió su melena alborotada, y dijo así, con inspirado acento: “Nos preocupa, porque esto abre las puertas a eventuales violaciones de los derechos humanos” … O sea, como para gritarle: ¡Cállate Chachalaca!
Payasos a un lado, lo que sí es cierto es que en todo país democrático en el mundo son policías civiles, no militares los responsables de la seguridad. Ojo.
Ya no serán sólo los 40 mil Policías Federales, sino ahora también 230 mil elementos del ejército, dijo mi Peje Peshiosho el miércoles pasado en Tercer Grado. Se van a crear 266 coordinaciones regionales y en los meses subsecuentes se impulsará el crecimiento paulatino de esta nueva corporación.
Es decir, que esta reforma constitucional va a CENTRALIZAR el estado de fuerza Nacional EN UNA SOLA MANO, cosa que, a muchos colectivos, organizaciones derechohumanistas, actores sociales y demás minorías rapaces, me los puso muy mal –casi al nivel de banquero sin comisiones-.
Sí: ahí me saltó el primer pargo en la caña.
Y el otro huachinango que picó repentinamente fue la Ley de Administración Pública Federal, recién sacadita del horno por la mayoría lopezobradorista en el Congreso, que crea la figura de los 32 “superdelegados” federales en los estados, nombrados también SÓLO POR EL PRESIDENTE (porque, #Peje) y que le reportan a él en exclusiva, que pa eso se es presidente, ¿no?
Estos superdelegados aplicarán la inmensa mayoría de las partidas federales: pelos más pelos menos el 85% del dinero de los estados. Cada delegadazo federal tendrá una estructura de subdelegados regionales; unos 300 en toda la república; coincidentemente, tantos como distritos electorales.
Yeap: leyó usted bien damita, caballero, miss España: los turbodelegados del peje estarán territorializados, curiosamente, DE MANERA ELECTORAL. Y ni empiecen con su mame: Puritita ca-sua-li-dad. Las coincidencias, caramba, ¡ah, la rueda de la fortuna de las coincidencias!.
Y allí estaba yo, con una pesca que resultaba tan improbablemente conectada, tan extrañamente en tándem, tan simétrica y complementaria una de la otra, pero tan aparentemente ajenas si se ven separadas que resultan, casi, un poema que el poeta nunca escribió. Dos pescados que, si no te fijas, ni se nota que les chifa nadar juntitos. Tuve una epifanía, pues pa que me entiendan.
Plata y Plomo (¿o es “o”? ¡qué nervios!). Dos maneras complementarias de ocupación del territorio desde el centro. Una, financiera y política; la otra, militar y policiaca. Ambas perversas.
La lógica en ambas decisiones escurre centralización política por todos lados. Una red política y financiera superior a cualquier poder local, para vigilar, controlar, competirle, crear clientelas propias y, eventualmente ganarle las elecciones. Y otra red castrense, omnipresente, con un fusil en la mano -¡literalmente!- y con la cuadratura de un dóberman para acatar cualquier orden que venga de mero arriba.
Una pinza de presión requiere de dos piezas y hoy creo que me las topé a ambas con la caña de pescar, y ¿les digo algo? me dio un chingo de cus cus que venga siendo como lo estoy viendo.
Me da la impresión de que lenta y silenciosamente estamos pasando de un viejo y podrido uso del modelo de república federalista, a un nuevo y perverso modelo de república centralista.
Ojalá lo esté leyendo mal. Ojalá solo esté viendo peces con tranchete. Ojalá sólo se trate de un compló.
Y en esas estamos… y estaremos.
Desmentidas coherentes en:
@DavidAguilarGle
Mientadas incoherentes en:
david_aguilar@live.com
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