Por: Enrique Caballero Peraza

“El objetivo del arte es representar no la apariencia externa de las cosas, sino su significado interior.”

Aristóteles

¿Quién fue capaz de interpretar los sueños de Jorge Luis Borges y llevarlos a la pantalla? ¿Quién tuvo la suerte de dirigir al lado del controversial Pierre Paolo Pasolini? ¿Quién hizo una película que ganó nueve estatuillas doradas en la entrega del óscar, incluyendo mejor película y mejor director? Solo uno, Bernardo Bertolucci.

Bernardo murió a los 77 años de edad, doble 7, seguramente trató de darnos un mensaje también con ello. Su obra cinematográfica estuvo siempre rodeada de un simbolismo especial, desde “La estrategia de la araña”, donde llevó a la pantalla el cuento de Borges “Tema del traidor y del héroe”, pasando por “El conformista”, novela de Alberto Moravia, autor que fue llevado a la pantalla por otros grandes del cine italiano, como Vittorio de Sica y Jean Luc-Godard, en esa película, el protagonista vivió un intento de seducción homosexual a los 13 años, que fácilmente pudo haber vivido un poco mayor Bernardo, cuando trabajó a los 20 años con Pasolini, como su asistente, filmando Accattone, el primer largometraje de Paolo.

Bertolucci, fue grande, como una pantalla de 70 mm, más grande que el hecho de que asociemos la mantequilla como lubricante sexual, después de conmocionarnos con la escena de violación de “El último tango en París”, donde Marlon Brando hace de las suyas, ante una hermosa María Schneider. Más grande que las cinco horas y quince minutos que dura “Novecento” que trata sobre la historia de Italia y que reunió en la pantalla a Burt Lancaster, Robert de Niro, Gerard Depardieu, Donald Sutherland, acompañados por grandes artistas italianos.

Si “El último Tango en París” lo marcó y lo hizo ser nominado como mejor director, “El último emperador” en esa narrativa histórica impecable, que se convierte en una denuncia política y en un relato místico, es la película que lo consagra, al menos ante los ojos del gran público, comercialmente hablando, al hacerse de nueve premios óscar, todos a los que la película fue nominada: película, director, dirección artística, guion adaptado (de la novela autobiográfica de Puyi, el último emperador de China), música, sonido, vestuario, fotografía y montaje.

Aunque desde 1987, con su obra maestra grabada en la ciudad prohibida, ya había obtenido la inmortalidad, nos siguió regalando joyas del cinema (ocho para ser exacto), entre las que destacan: “El pequeño buda”, “Belleza Robada” y “Soñadores”.

Les confieso que hay filmografía del maestro que no he tenido la oportunidad de disfrutar, me propongo hacerlo, sirvan estas torpes y apresuradas líneas, como un pequeño homenaje y reconocimiento, a alguien que nos hizo disfrutar tantas horas de belleza en la pantalla grande.

Nuestras condolencias a la actriz Adriana Asti, quien fue su primera esposa y a Claire Peploe, la destacada guionista británica que fue su segunda y última esposa y una de sus más cercanas colaboradoras.

Se cierra el telón para un gigante del cine, que toma el camino de la inmortalidad.

Conozcamos o volvamos a disfrutar su obra.

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