Por: David Aguilar
Este martes 13 de noviembre, en medio de medidas de seguridad de proporciones hollywoodenses, comenzó en Nueva York el juicio del que fue durante mucho tiempo, el criminal más buscado del mundo; el líder del mayor cartel mundial de drogas de todos los tiempos, el mito que se ha escapado dos veces de penales de máxima seguridad, el hombre que hizo del uso de submarinos y túneles kilométricos para traficar droga (y pelársele a las autoridades) su sello de identidad; el mexicano vivo con más biopics, series, películas, libros, editoriales, programas y notas periodísticas; en resumen: el Villano de Badiraguato. El mismísimo Darth Vader de la mota, El antihéroe amado y odiado: Joaquín Guzmán Loera, El Chapo.
Su organización, el Cartel de Sinaloa operó entre 1989 y 2014 con ganancias netas por encima de los 14 mil millones de dólares: poco más de un cuarto de BILLÓN de varos.
Atrapado por última vez (aunque, tratándose de un vato tan escurridizo quizá debería decir la vez más reciente), fue extraditado a Estados Unidos justo un día antes de la toma de posesión del anaranjado Donald Trump; algo así como: “Se los entregamos, pero no te llevas tú la estrella” pareció ser el mensaje.
Guardado allá casi dos años en una prisión de máxima seguridad, el futuro de Guzmán será definido, tal vez para siempre (o no; recordemos que estamos hablando de El Chapo), en un proceso que puede ser uno de los más costosos que aquel país haya tenido jamás.
Todo en este juicio tiene proporciones descomunales: casi medio millón de páginas de documentos y unas 117 mil grabaciones de audio son presentados por los fiscales; Ahí, pinchemente, en los últimos quince días los fiscales agregaron nomás otros 14 mil documentitos, por si faltaran.
Antier, les decía, fue la primera sesión de “el juicio del siglo” como pomposamente le llaman algunos tabloides gringos, y aquello empezó movidito: Jeffrey Litchman, su abogado, se empezó a descoser bien y bonito, haciendo algunas incendiarias acusaciones, de las que sí: todos teníamos la certeza, pero nunca antes una declaración formal, ante un juez y de primera mano.
Afirmó bajo juramento que entre quienes han recibido sobornos millonarios del Cartel de Sinaloa figuran el actual presidente (aunque no parece) Enrique Peña Nieto, y su antecesor, Felipe de-Jesús-de-las-manos-limpias-de-las-uñas-milagrosas Calderón de Zavala. “El actual y anterior presidentes de México recibieron cientos de millones de dólares en sobornos”. Insisto: ya sé que ya sabíamos, pero eso no le quita que es un señor madrazo, por las connotaciones legales que ahora tiene.
De volada, raudos y veloces, aquel par de dos salieron a desdecirlo: el vocero del que es pero no parece presidente Enrique Peña Nieto calificó en un tuit (que obviamente no dictó él, porque estaba bien escrito) las denuncias de “completamente falsas y difamatorias”, y en otro el expresidente Felipe Calderón alzó su copa y dijo con voz etílica que eran “absolutamente falsas y temerarias”. Aclaraciones esperables, hipócritas, inútiles y hasta bobas.
Pero el abogado no le paró ahí: ya encarrerado el gato declaró que su defendido no ha sido nunca la cabeza real de la organización, y reveló que Ismael ‘El Mayo’ Zambada ha sido siempre el jerarca real del cartel de Sinaloa, usando y alimentando la figura de el Chapo como parapeto para poder operar más cómodamente desde una segunda línea de batalla.
Calificó como un “mito” la afirmación de que El Chapo es el mayor narco del mundo. “Ni siquiera es el mayor narcotraficante de México”, indicó. ¡Bolas don Cuco!.
“El mito de El Chapo es muy fuerte” dijo Litchman en otro momento del juicio. “Y lo es porque es una leyenda sistemática y constantemente construida, incentivada mediante la prensa colaboracionista, permitida por el gobierno corrupto y pagada por la mafia impune”. ¡To-ma-la Bar-bón!.
Mitotero como soy, le rasqué tantito. Y resulta que, de los viejos líderes y fundadores de cárteles de las drogas en México, todos han sido detenidos alguna vez. Todos, menos uno: Ismael Zambada García “El Mayo”, quien lleva más de 40 años en el narcotráfico y jamás ha sido tocado ni con el pétalo de un separo. Nunca ha pisado una cárcel.
Don Ismael ha logrado evadir milagrosa y sospechosamente la persecución de soldados, marinos, policías, DEA, Chuck Norris, agencias de seguridad mexicanas y estadounidenses, con todo y que aquel gobierno lleva varios años ofreciendo cinco millones de dólares (que traducido ya impone: cien millones y feria de pesos) por su captura. Suertudo pues el muchacho. MUY suertudo.
Por otro lado, si vemos con tantito sospechosismo los poquísimos videos de El Chapo (Recuerdenlo con su camisa azul echándole los canes a Kate del Castillo con los gallos de fondo; toda una perla de la cinematografía nacional); no da la impresión de ser precisamente un genio del mal…
Tampoco en la sosa entrevista del también soso Sean Penn para la Rolling Stone se vislumbra, así, que tú digas, brillante don Joaquín. Mas bien se muestra como un tipo primitivo, sin ninguna evidencia de inteligencia superior y al que tienen que ayudarle mucho para armar una entrevista apenas mediocre.
Me queda claro que El Chapo es un criminal en toda la extensión de la palabra, y que probablemente esté tratando de resbalar el bulto para no comerse solito toda la bronca, y de paso cobrarse alguna rencilla con el Mayo; no me sorprenden tampoco las acusaciones de colusión del más alto nivel con ese par de pillos: de hecho, el crecimiento del Cartel de Sinaloa no se explica sin esa red de corrupción de altísimos vuelos.
Sin embargo todo parece encajar en esa acusación hacia un operador real mucho más discreto, con el cover de otro capo visible y muy cacaraqueado, con gran imán para las leyendas y con acciones rocambolescas, casi coreografiadas, y muy provechosamente registradas por los medios (¿recuerdan a Loret de Mola narrando el minute by minute de las escapatorias en horario Prime Time?).
Si es así, sólo si esa tesis tuviese algo de verdad, entonces nos traen lureados desde hace años, en una de las charadas más maquiavélicas y exitosas del país, conducidos de la mano de Televisa, Rolling Stone, Netflix, Osorio Chong, Murillo Karam, Peña Nieto, Calderón Hinojosa, García Luna, Genaro Galván, y una lista interminable de rufianes.
Engañados doblemente: con las mentiras que la corrupción necesita para funcionar y de las que siempre tuvimos certeza moral todos, y con la construcción elaborada de un “malo de papel”; de un chupacabras, de una ‘caja china’.
Por mi tranquilidad mental, realmente quiero pensar que sólo es la estratagema desesperada de un abogado habilidoso.
Y en esas estamos (o más bien: espero que no estemos).
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