* A la par, los feminicidios crecen, la ola violenta alcanza al grupo vulnerable más grande, las mujeres.

*No hay un gen de la violencia, sin embargo, hay que poner atención especial, “porque el ambiente nos están haciendo violentos”: Yoloxochilth Ávila

* Acapulco necesita un resurgimiento, pero este no puede ser liderado por las propias autoridades. El trabajo es de todos, debemos comenzar por la familia.

Por: Ernesto Caballero

La semana inició con un cuadro trágico urbano, en la avenida Ejido, fueron esparcidos algunas partes de uno de los tres cuerpos que más adelante se encontraron embolsados. La macabra escena sustituye todo orden social que pudiera ser sensible al tacto humano.

Automovilistas pasan por encima de restos humanos mutilados en avenida Ejido con total indiferencia. ¡Cómo ha cambiado la vida en #Acapulco!, exclama un hombre al grabar la triste escena… y todavía se ríe.

El acto lo dice todo, en Acapulco, lo hemos perdido todo.

En la narrativa de la persona que graba el video, señala con algarabía: “mira nomás lo que me acabo de encontrar aquí en la calle ocho, chulada eh, y autoridades ni madres, ahí está la carne nomas asoleándose”.

Y todavía más adelante sentencia: “a la gente ya le vale verga”. Y así se construye nuestra sociedad.

Hoy en día, los delincuentes que quieren hacer un daño no tienen límites, no conocen el amor, la piedad y mucho menos la misericordia. Se dedican a sembrar el terror con un único fin, mandarle un mensaje al bando rival, y entre más sanguinario y terrorífico sea el acto, más fuerza representa el envío.

Aunado a esto, la autoridad no puede o no quiere combatir a las organizaciones criminales. La pantomima del ejercicio de investigación, procuración de justicia y la prevención de delito son credenciales agotadas por todas las instancias e instituciones.

No hay orden, no hay tranquilidad; el pueblo sale con miedo e incertidumbre a la calle, pero cuando se encuentra con una obra dantesca como la del lunes, son omisos, inherentes, insensibles. Incluso han vencido el morbo, nos resulta casi imperceptible.

Hoy da lo mismo encontrarse con una calle esparcida de extremidades humanas regadas por el terreno asfáltico, y pasarles por encima, que comer en el zócalo de Acapulco, con un hombre asesinado a balazos y muerto desangrado en la vitrina de una escuela de computación.

Ambos sucesos expuestos a la luz del día, pero sobre todo a los ojos de chicos, grandes, hombres, mujeres, ancianos y cualquiera que por ahí pasara.

Durante el fin de semana se le dio muerte a un comerciante y a un maestro que de fines de semana era taxista. Siendo hombres, y ante los disparos de armas de fuego, se hicieron vulnerables igual que le sucedió a la doctora Reyna Valenzo y a la profesora Itzel Vega.

La muerte, alcanzada a manos de extraños, enlutó a muchas familias, sin que haya nada de por medio en investigaciones o resultados, sólo dolor, desolación y tristeza.

En Acapulco lo hemos perdido todo. La capacidad de asombro, el miedo, la zozobra y hasta la propia sensibilidad.

Atrás ha quedado el Acapulco mágico que envolvía las noches sorprendentes, el Acapulco de los que amaban al puerto y servían al visitante. Y qué decir del Acapulco de la era dorada, en el que las máximas figuras de la farándula y el cine de Holywood venían al puerto afrodisíaco por excelencia.

Toda la sangre que se ha derramado en Acapulco, ya no corresponde solo a la periferia; también ha alcanzado a la zona turística, la Costera Miguel Alemán, supuestamente la vía más blindada; lo mismo a turistas que a propios del puerto. El zócalo porteño, el emblema de la ciudad, ha tendido en su suelo, más de 8 personas que han derramado la sangre debido a arteros disparos de fuego.

A la par, los feminicidios crecen, la ola violenta alcanza al grupo vulnerable más grande, las mujeres.

Las defensoras de las propias mujeres hacen ruido para que esto no vuelva a ocurrir. En las autoridades encuentran solo demagogia y “oídos sordos”.

Acapulco ha llegado al acabos, la debacle del puerto se cura en salud por los millones que se inyectan en las oficinas de turismo para atraer a los turistas, y enseñarles la parte que aún no desquebraja la propia sociedad.

Turismo municipal y turismo estatal se enfrentan con cifras a ver quién da la información lo antes posible; al fin que no importa cuántos muertos derraman la sangre en el puerto, lo que importa es traer a más gente para que constate la versión del Acapulco en “donde no pasa nada”.

Acapulco necesita un resurgimiento, pero este no puede ser liderado por las propias autoridades. Éstas y los políticos encumbrados en las instituciones, no tienen ni la mínima intención.

El trabajo es de todos, tenemos la obligación de empezar con la familia. Ya lo dijo la doctora Yoloxochilth Ávila, no hay un gen de la violencia, sin embargo, hay que poner atención especial, “porque el ambiente nos está haciendo violentos”.

Ella puntualiza en los espacios que ha tenido en distintos medios de comunicación, que a través de la fundación Acapulco nos Necesita AC, se han dado cuenta que si los niños tienen un entorno violento en casa, solo basta con que crezca hasta los dos años para fomentar la violencia en ese ser.

Sin embargo augura, que la esperanza no está perdida, pues los seres humanos a tan corta edad son readaptables, pero que se corre el riesgo de que en caso de no hacerlo en tiempo y forma, puede llegar una edad que determine una formación ideológica de por medio, es decir en términos de la violencia, se vuelva un ser agresivo.

Es por esta razón, que los maestros juegan un roll muy importante, sostiene la Secretaria de Acción Femenil de dicho organismo. Son los que finalmente ayudan cuando papá y mamá no están en casa, situación que permea en los hogares acapulqueños debido a la necesidad que hay de ambas partes, para llevar u sustento a casa.

Hoy la alcaldesa, sostuvo que “la delincuencia no ha logrado influir miedo en la gente”, y tiene razón, ese miedo ya se perdió, y si no hacemos una estrategia social en la que los valores humanos se sostengan como la premisa básica para la convivencia, entonces, entonces estamos perdidos…

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