Por: Ernesto Caballero
El fin de semana pasado, la alcaldesa electa, en declaraciones con los medios de comunicación anunció que Leticia Castro, la Síndica de Seguridad y Justicia del Ayuntamiento porteño, había sido amenazada de “ser recibida a balazos” si llegaba a la Secretaría de Seguridad Pública a realizar el proceso entrega-recepción.
Hoy, la propia Leticia Castro, sale también a los medios de comunicación a decir que es mentira que haya sido amenazada. “No es cierto, esas son las cosas que quiero aclarar, considero que nuestro actuar ya como autoridades electas es tener la coherencia que dijimos en campaña con lo que vamos a tener que llevar a cabo a partir del 1 de octubre y las expectativas que está esperando la sociedad”, expresó.
Y el asunto se vuelve complicado cuando la propia síndica municipal, arremete contra la alcaldesa electa y dice que todo es el mero pretexto para que Román Ocampo utilice un ostentoso esquema de seguridad que actualmente maneja.
A la par, comienza a dibujarse un ataque en rede sociales, en donde un texto comienza a divulgarse manifestando que la seguridad de la Presidente electa, nos costará a los acapulqueños cerca de medio millón de pesos.
Señalan los coches blindados, el resguardo de la Marina, y el personal que atiende directamente a la alcaldesa. Esto más viáticos y gasolina para ellos.
En medio de la diatriba sólo se pueden distinguir algunos puntos. Primero que hay fuego amigo, y que quizás éste esté comprometido. Es decir que la propia síndica en Seguridad y Justicia, ya haya tenido encuentros con algunas mafias y que haya condicionado su forma de actuar políticamente hablando.
La otra premisa que se asoma, es que el gobierno de Adela Román, estará plagado de ataques continuos, en los que se verá inmerso, aunque no tenga que ver el tema con la dirección de la primera edil.
Una tercera línea para el análisis, es que todo esto nos permite saber que lo dicho por el actual Presidente Evodio Velázquez, está fundamentado. Gobernar Acapulco no es fácil, y mucho menos en estos tiempos, en los que la seguridad, es un tema de alto riesgo. Y es que, en efecto, la Secretaría de Seguridad Pública en Acapulco, está secuestrada por grupos de la mafia delincuencial, y ahora vemos que también son las del poder, las que tienen metidos sus intereses en esa dependencia.
Finalmente, ¿cómo estimamos que puede un gobernante -de la talla del Presidente Municipal- estar sin protección en una ciudad que es considerada como uno de las cinco ciudades más violentas y peligrosas del mundo? Y es que aunque circulen los textos en los que se asumen gastos excesivos, lleva una causa consensuada. Es decir, proteger a nuestra máxima autoridad.
Y habrá quien diga, pero si la política de Andrés Manuel López Obrador, maneja todo lo contrario, con relación a los principios de austeridad. Sí, sin duda, pero el Presidente electo de México no gobernará las entrañas de la ciudad más peligrosa del Mundo.
Dichos principios, van en contra de arquetipos como los diputados viajeros que realizan excursiones a ciudades extranjeras para festear fiestas patrias con los migrantes; o en contra de fiestas populares, armadas como verbenas para festejar cumpleaños con baños de pueblo. Esos sí son, sin duda, modelos que tiene que sesgar la nueva política reconciliadora.
Sin embargo… ¿A quién beneficia que la primera autoridad entre a gobernar con el tema de seguridad pendiendo de un hilo? ¿A quién le interesa calentarle la plaza políticamente a Román Ocampo? ¿Quién está moviendo todos estos hilos?
Mientras todas estas incógnitas son resueltas, sólo podemos concretar que la seguridad de nuestra primer autoridad está en vilo, y por ende, lo está también el de toda la ciudadanía. El llamado, sería convocar a la civilidad y a la concordancia, poner primero y antes que cualquier cosa, la integridad de los acapulqueños, y no entrar en la diatriba de que si hay amenazas o no.
Y si realmente las hay, la convocatoria sería hacia la población a cerrar filas, y no permitir que la delincuencia ponga de rodillas a nuestra administración porteña, porque de ser así, entonces Acapulco está perdido.
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