Hay momentos en política en los que no decidir también es una decisión. Para el PRD de Guerrero, éste es uno de ellos.

Se acercan los plazos para definir las alianzas rumbo a 2027 y creo que debemos hablar con claridad, sin rodeos y, sobre todo, sin olvidar de dónde venimos.

Yo estoy convencido de que el lugar del PRD está en la izquierda.

Nuestra historia está en las comunidades, en las colonias populares, en el campo, en las luchas sociales, en las organizaciones democráticas, en los movimientos ciudadanos y en generaciones de guerrerenses que encontraron en la izquierda una esperanza de cambio.

Por eso considero que debemos explorar hasta el último minuto una gran alianza de las izquierdas rumbo a 2027. Pero también quiero subrayar algo: la unidad de las izquierdas no se decreta ni puede construirse desde la imposición. Requiere voluntad política, generosidad y altura de miras.

Y puede construirse con todos aquellos que tengan esa disposición.
No se trata de poner nombres por delante ni de cerrar desde ahora el número de sillas alrededor de una mesa. Se trata de convocar a partidos, organizaciones, liderazgos sociales, ciudadanos y expresiones progresistas que estén dispuestos a dialogar y a construir coincidencias pensando primero en Guerrero.

Y también por eso creo que no debemos repetir una alianza con el PRI y el PAN. No planteo esto desde la descalificación. En una democracia debemos respetar a quienes piensan diferente y mantener abiertos los canales de diálogo. Pero una cosa es dialogar y otra muy distinta renunciar a nuestra identidad para construir acuerdos electorales que la sociedad difícilmente entiende.

La experiencia debe servirnos para aprender. Pero aquí quiero ser igualmente claro: una alianza de izquierdas no puede significar la desaparición del PRD. No buscamos que nos hagan un espacio. Buscamos construir acuerdos entre fuerzas políticas que, aun teniendo tamaños electorales distintos, representan historias, liderazgos, territorios y militancias que merecen respeto.

El PRD tiene historia propia. Tiene mujeres y hombres que han gobernado municipios, legislado, organizado comunidades y defendido causas sociales.

Conservamos liderazgos y presencia territorial que nadie debería menospreciar, empezando por nosotros mismos.

Ni arrogantes ni disminuidos.

Tenemos que saber exactamente cuánto representamos y qué podemos aportar. Y ése es uno de los riesgos que debemos evitar: negociar desde la necesidad.

Si el PRD llega a una alianza solamente preocupado por obtener algunas candidaturas, posiblemente consiga posiciones, pero puede perder algo mucho más importante: su identidad.

El PRD no se va a convertir en partido satélite de nadie.

Entre esos dos extremos existe un camino: dialogar, construir acuerdos y participar en una alianza progresista desde nuestra propia identidad.

Sé que dentro del PRD existen compañeras y compañeros que consideran que debemos competir solos. Los respeto. Su argumento tiene fundamento: un partido también construye identidad enfrentando elecciones con sus propias siglas.

Ese debate está en curso.

Hay viejos compañeros de lucha que hoy están en Morena. Otros están en el PT. Muchos seguimos en el PRD. Y otros simplemente dejaron de militar.

Las siglas nos separaron; muchas causas todavía nos unen.
Quizá ha llegado el momento de volver a encontrarnos.
Eso requiere generosidad de todos. Veremos.

El telón de fondo

CUAUHTÉMOC CÁRDENAS: SE VA EL HOMBRE, PERMANECE SU LEGADO

México despide a un hombre excepcional. Un estadista que, sin llegar a la Presidencia de la República, tuvo la estatura moral de un presidente.

Cuauhtémoc Cárdenas hizo de la congruencia su forma de vida. Nunca necesitó insultar para disentir, ni levantar la voz para ejercer autoridad. Su serenidad, dignidad y firmeza fueron sus mayores fortalezas.

En 1988 abrió las puertas de la esperanza democrática y en 1989 nos dio, con la fundación del PRD, una bandera, una causa y un camino.

Para quienes abrazamos aquella lucha, su partida no es solamente una pérdida histórica; es también una despedida profundamente personal.

Se va el hombre que nos enseñó que los principios están por encima del poder, que la política puede ejercerse con decencia y que la democracia se construye con convicciones, no con resentimientos.

Cuauhtémoc Cárdenas no sólo hizo historia: marcó la vida de toda una generación.

¡Hasta siempre, Ingeniero! Su ejemplo nos honra, su ausencia nos duele y su legado nos compromete.

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Por adminweb

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