Enrique Caballero Peraza

Aída Melina Martínez Rebolledo: entre el ruido y la responsabilidad

En las últimas semanas, la secretaria de Cultura del estado de Guerrero, Dra. Aída Melina Martínez Rebolledo, ha sido objeto de un hostigamiento constante por parte de ciertos medios de comunicación y de algunos promotores culturales que han encontrado en la crítica fácil—y en ocasiones francamente malintencionada—una forma de ganar reflectores.

No es nuevo: en Guerrero, como en buena parte del país, la cultura suele convertirse en campo de batalla para intereses personales, cuotas de poder, nostalgias burocráticas y agendas que poco tienen que ver con el desarrollo cultural real.

No escribiré aquí una defensa ciega ni una canonización pública. La Dra. Aída Melina no es infalible y ella lo sabe. Quien ocupa un cargo público está expuesto al escrutinio, y es correcto que así sea. Pero otra cosa es someter a una servidora pública a una campaña de desgaste que, lejos de señalar rumbos, busca destruir. Esa distinción es fundamental.

Y es que en medio de la estridencia mediática suele olvidarse algo elemental: la secretaria de Cultura ha demostrado un compromiso sostenido con la gobernadora, con el proyecto cultural del estado y con la ciudadanía, particularmente con aquellos sectores que históricamente habían sido relegados.

La gestión cultural no se reduce a organizar eventos ni a aparecer en fotografías; implica diseñar estrategias, articular esfuerzos, modernizar instituciones, conciliar intereses y, sobre todo, acercar la cultura a quienes nunca antes la habían tenido al alcance.

Es sencillo exigir desde un escritorio; es más cómodo disparar desde la tribuna del “yo lo hubiera hecho mejor”. Pero las transformaciones reales requieren trabajo diario, decisiones difíciles y, sí, también errores.

Lo relevante es que Aída Melina trabaja con sentido de propósito, con una visión que, apuesta por el fortalecimiento de la identidad guerrerense, por el rescate de nuestros espacios culturales y por la profesionalización del sector.

Muchos de los ataques que hoy recibe no vienen de quienes buscan mejorar la cultura, sino de quienes añoran sus antiguos privilegios o ven afectadas sus pequeñas parcelas de poder. La politiquería barata—esa que todo lo ensucia, que todo lo reduce a intrigas y envidias—es la que intenta colocarla en el centro de una falsa polémica.

Y hay que decirlo con todas sus letras: es momento de dejar esa politiquería de lado. Guerrero necesita una política cultural seria, estable y orientada al bien público. No necesita pugnas estériles ni campañas de desprestigio disfrazadas de crítica.

Lo que sí necesita es reconocer cuando alguien está trabajando, cuando alguien se está rompiendo la espalda para sostener proyectos culturales en un estado complejo, diverso y lleno de desafíos.

La Dra. Aída Melina Martínez Rebolledo merece un debate crítico, sí, pero también un reconocimiento a su entrega, su profesionalismo y su compromiso con el proyecto cultural de la gobernadora. Merece que juzguemos con objetividad, no con rumores. Merece que la evaluemos por resultados, no por grillas. Y, sobre todo, merece que la cultura guerrerense se coloque en el lugar que le corresponde: lejos del escándalo y cerca de la gente.

Al final del día, es muy sencillo destruir desde la sombra. Lo difícil—lo verdaderamente meritorio—es construir bajo la luz pública y hacerlo con convicción. Y esa, nos guste o no a algunos, es la ruta que ella ha escogido.

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Por adminweb

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